Salmo

Todos tus caminos me son conocidos...
(Salmos 139.3)

Decimo Domingo Ordinario B

Post on 05 Junio 2018
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“El mal es nuestro enemigo”

 

 

Decimo Domingo Ordinario B

 

 

Libro del Génesis (Gn 3,9-15)

 

“Después que Adán comió del árbol, el Señor Dios lo llamó:

-¿Dónde estás?

Él contesto:

--Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.

El Señor le replicó:

-¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que han comido del árbol del que te prohibí comer?

Adán respondió:

-La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí.

El Señor Dios dijo a la mujer:

-¿Qué es lo que has hecho?

Ella respondió:

-La serpiente me engañó y comí.

El Señor dijo a la serpiente:

-Por haber hecho esto, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza, cuando tú la hieras en el talón.”

 

 

Salmo Responsorial (Salmo 129)

R/. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

 

Desde lo hondo a ti grito, Señor:

Señor, escucha mi voz;

estén tus oídos atentos

a la voz de mi súplica.

 

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón

y así infundes respeto.

 

Mi alma espera en el Señor,

espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela la aurora.

 

Aguarde Israel al Señor,

como el centinela la aurora;

porque del Señor viene la misericordia,

la redención copiosa;

y él redimirá a Israel de todos sus delitos.

 

 

Segunda Carta de San Pablo a los Corintios (2Cor 4,13-5,1)

 

“Hermanos: Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: “Creí, por eso hablé”, también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.

Todo es para vuestro bien.

Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Por eso no nos desanimamos. Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día.

Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria.

No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve.

Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.

Aunque se desmorone la morada terrestre en que acampamos, sabemos que Dios nos dará una casa eterna en el cielo, no construida por hombres.”

 

 

Aleluya

 

Aleluya, aleluya.

“Ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera, dice el Señor; y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.”

Aleluya.

 

 

Evangelio de san Marcos (Mc 3,20-35)

 

“En aquel tiempo, volvió Jesús a su casa y se juntó tanta gente, que no los dejaban ni comer.

Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

Unos letrados de Jerusalén decían:

-Tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.

Él los invitó a acercarse y les puso estas comparaciones:

-¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.

Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para saquear su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá saquear la casa.

Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Llegaron su madre y sus hermanos, y desde fuera lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dijo:

-Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.

Les contestó:

-¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?

Y paseando la mirada por el corro, dijo:

-Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.”

 

 

Reflexión

 

Finalizadas las grandes fiestas del Señor, reemprendemos la catequesis dominical ordinaria de la Iglesia, celebrando hoy el décimo domingo del tiempo ordinario.

 

En este domingo del tiempo ordinario, la Palabra de Dios nos lleva a meditar en nuestra respuesta al proyecto de Dios para nosotros, la libertad de optar por lo bueno o por lo malo. El Evangelio tiene puesta la mirada en la persona de Jesús, quien no es aceptado por sus mismos paisanos como enviado de Dios, e incluso se opusieron a la voluntad de Dios revelada en Jesús. En el camino de la fe, cada uno es libre de elegir entre quedarse con una vida dispersa animada únicamente en los sentidos o permanecer en la familia de Jesús, quién ha venido a hacer la voluntad de Dios. El cristiano su vida sólo tiene sentido en esperanza segura y cierta de la resurrección, en el camino de la vida interior que se renueva día a día en perspectiva de eternidad.

 

En el texto del Libro del Génesis que narra el pecado de los primeros padres, descubrimos una actitud muy singular de Dios. Antes de pronunciar su acusación, Dios “investiga”, descubriendo y estableciendo los hechos. La primera pregunta de Dios es al hombre: "¿Dónde estás?" La respuesta que Adán le da, es una confesión de su culpa: "he oído el rumor de tus pasos en el jardín y, como estaba desnudo, tuve miedo y me escondí" (Gn vv. 9-10). La vergüenza y el miedo son un signo de ruptura con la situación anterior de la inocencia, armonía, serenidad y paz. ¿Cómo llegó el hombre a esta situación? Por supuesto, desobedeciendo a Dios y recorriendo un camino contrario al propuesto por Dios. Después de este hallazgo, Dios dirige la segunda pregunta al hombre precisando la falta cometida: "¿acaso has comido del árbol, del que había prohibido comer?" (“árbol del conocimiento del bien y del mal”, significa orgullo, autosuficiencia, poder, soberbia) (Gn v. 11).

 

Ahora bien, leyendo el texto del evangelio de san Marcos podemos apreciar una profunda relación con el del Libro del Génesis. La hostilidad entre la mujer y la serpiente y entre el linaje de Eva y el de la serpiente, puede leerse de diversas maneras: como un enfrentamiento que acontece en el interior del corazón humano entre el yo genuino moldeado a imagen y semejanza de Dios y el instinto del hombre, simbolizado por la dimensión animal. También puede considerarse el enfrentamiento entre la humanidad y los poderes mundanos, que se oponen al proyecto de Dios. En el Evangelio el enfrentamiento ocurre entre aquellos que defienden el viejo orden contrario al Reinado de Dios y llegan al cinismo de identificar a Jesús con un aliado de Satanás, sin darse cuenta que ellos mismos lo están siendo, al aliarse con los defensores del orden establecido que violenta victimizando a los más desprotegidos.

 

El Jesús, el Señor, no era una persona violenta o conflictiva, pero tampoco era una persona cándida o ingenua, sabía llamar a las cosas por su nombre, y decía sí o no, según correspondiera a cada situación. No podía apoyar la inflexibilidad de los dirigentes de Israel que aparecían como celosos guardianes de la ley, mientras que trataban con indiferencia a las víctimas de la enfermedad; justificando todo un sistema de marginación religiosa. Jesús se oponía con hechos y palabras a tal despropósito y por tal motivo, lo juzgaban aliado de Satanás. Desde esa actitud ejemplar podemos extraer orientaciones para los dilemas y situaciones de perplejidad moral que hoy afrontamos en nuestra sociedad. Si las personas son más valiosas que las instituciones y los ordenamientos sociales, ¿no es conveniente promover el cumplimiento de un determinado valor ético y moral, a cualquier costo, para enfrentar el mal que nos agobia?

 

Cuando vemos el mal que se extiende velozmente en medio de nosotros ¿miramos también al mal en nosotros mismos, asumimos sin excusas nuestra responsabilidad por ello, y pedimos al Señor que nos perdone? ¿Reconocemos también la parte de responsabilidad que quizás tengamos en el mal del mundo? Una vez admitimos esta realidad, sí nos comprometemos firmemente, a con la ayuda de Dios, contribuiremos a abolir el pecado y el mal en nosotros y en nuestro entorno, y hacer este mundo un poco mejor. Esto es lo que debemos pedir al Señor en la Eucaristía: que Él nos conceda esta actitud y esta fuerza interior para lograrlo.

 

Ten siempre presente: el mal es nuestro enemigo.

 

Con frecuencia el misterio del mal nos deja perplejos. ¿Por qué herí o maltraté a esta persona que me es tan querida? No fue esa mi intención. ¿Por qué hay familias que se pelean y naciones que están en guerra? ¿Por qué hay gente que se niega a perdonar? ¿Por qué toda esta perversa maldad en nosotros y en torno a nosotros? Como los escritores sagrados reflexionan, el mal ha estado presente desde el comienzo de la humanidad. Pero nosotros sabemos que Jesús nuestro Señor superó toda maldad y venció a todos los poderes que producen el mal, incluida la muerte. En él encontramos perdón, vida y paz. Como en mayor o menor medida, nosotros participamos en la maldad del pecado, acerquémonos confiados al que venció a la muerte y al pecado para pedirle su ayuda y su perdón.

 

Hoy es el momento oportuno para decirle al Señor: tú que cargaste con nuestros pecados, mientras nosotros con frecuencia echamos la culpa a los demás por los pecados que hemos cometido, ten piedad. Permita así como tú nos alzaste de nuestra miseria y muerte con tu muerte en la cruz, disponer nuestros corazones para alzarnos unos a otros por medio del perdón mutuo.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.

 

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