Salmo

Todos tus caminos me son conocidos...
(Salmos 139.3)

Sagrado Corazón

Post on 05 Junio 2018
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FIESTA DEL SAGRADO CORAZON DE JESÚS

 

 

Sagrado Corazón

Dice el Señor:

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de

corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.

Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera"

(Mt 11,28-30).

 

 

El próximo lunes 11 de junio, la Iglesia colombiana celebrará la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Es la fiesta nacional de acción de gracias, en la que se renueva una vez más la Consagración de Colombia al Corazón misericordioso del Señor.

 

El lenguaje del corazón se entiende con el corazón.

 

El corazón de Jesús es abierto. Es que Dios no ha tenido ningún secreto para con nosotros. Su amor ha sido abierto, sincero, pleno.

 

El sagrado corazón con la mano izquierda está indicando su corazón como queriendo cogerlo para dárnoslo. La mano derecha la tiene extendida hacia nosotros como queriendo recibir nuestro corazón.

 

El corazón de Jesús lanza luces rojas y blancas: rojas que manifiestan la sangre y blancas en agua; como queriendo mostrar la sangre y el agua que brotó de su costado al ser atravesado por la lanza.

 

Si hay dolor grande en un corazón enamorado es causado por la indiferencia y la infidelidad. Es un dolor moral muy profundo. Se muere de amor por el desaire, el desprecio, la infidelidad. Y qué es lo que hacemos nosotros con el amor de Cristo, el amor de Dios. Si es cierto que amor con amor se paga, ¿cómo ha sido nuestro pago al amor de Dios? ¡con infidelidad! Si es doloroso el desprecio al amor de nuestro ser querido, cuánto más el dolor que le causamos al corazón de Jesús con nuestra actitud, cuando hemos cambiado el amor de Dios por amores pasajeros, por amores superficiales de discoteca, de paseo, de vacaciones, de televisión. Cuánto dolor el de Cristo que se ha entregado hasta la muerte por nosotros y ahora nosotros le pagamos con nuestra actitud.

 

Sin embargo, el amor de Cristo es tan grande que está a la espera de que le abramos nuestro ser para llegar e inundarlo de su Gracia, de su Amor, de su Misericordia, de su Luz, de su Calor...

 

El amor de Dios es infinito, porque es el mismo Dios. San Juan ha dicho que Dios es Amor. Si el Amor de Dios penetra e inunda nuestro ser -Dios inunda nuestro ser- y este Amor es infinito, extenso, no lo podremos guardar dentro, brotará por nuestros poros. Es lo que siente, experimenta san Pablo cuando exclama, es que no soy yo quien vive es Cristo quien vive en mí (Gál. 2,19-20).

 

El pecado es lo contrario del amor, es lo que Dios rechaza, lo que Dios quiere que no hagamos....

 

 

Francisco Sastoque, o.p.

 

 

 

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