Salmo

Todos tus caminos me son conocidos...
(Salmos 139.3)

Cristo Sumo Y Eterno Sacerdote

Post on 05 Junio 2018
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FIESTA DE JESUCRISTO,

SUMO Y ETERNO

SACERDOTE

 

 

Cristo Sumo Y Eterno  Sacerdote

 

 

Jesucristo es sacerdote para nosotros porque presenta al Padre eterno las plegarias y los anhelos de todos los hombres; Jesucristo es también víctima en favor nuestro, ya que sustituye al hombre pecador.

 

"Porque tenemos un sumo sacerdote que penetró y está en los cielos, Jesucristo, mantengamos firme la fe que profesamos. No tenemos un sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, al contrario, él mismo pasó por todas las pruebas a semejanza nuestra", menos en el pecado (Hb 4,14ss).

 

Esta realidad es la que nos anota el profeta Isaías, cuando afirma: "¡Eran nuestras dolencias las que el llevaba, y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados... El Señor descargó sobre Él la culpa de todos nosotros... por nuestras rebeldías fue entregado a la muerte... Por sus desdichas justificará mi Siervo a muchos, y las culpas de ellos él soportará".

 

Por esto nuestra actitud ahora es exclamar con el salmista: "¡Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío; cuántos planes en favor nuestro: nadie se te puede comparar..."

 

Jesucristo ofreció un sacrificio, en la Alianza nueva con su sangre, pactando con nosotros: "pondré mis leyes en sus corazones, y en su mente las grabaré... y de sus pecados e iniquidades no me acordaré más". Por esto mantengamos firme la esperanza en su infinita misericordia.

 

El sacrificio que ofreció nuestro Señor, la Nueva Alianza, donde se manifiesta lo augusto de su sacerdocio y de la sublimidad de la víctima, es lo que celebramos sacramentalmente en la Eucaristía, siguiendo el mandato del Señor que nos encomendó hacer: "Esto es mi Cuerpo, que va a ser entregado por vosotros; haced esto en representación mía"...

 

Esta celebración nos invita y nos exige a tener los mismos sentimientos que el Señor. El mismo san Pablo nos exhorta a "Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús". Tenemos que reproducir en nosotros, en cuanto lo permite la naturaleza humana, el mismo estado de ánimo que tenía nuestro Redentor cuando se ofrecía en sacrificio: la humilde sumisión del espíritu, la adoración, el honor, la alabanza y la acción de gracias a Dios. Exige que reproduzcamos en nosotros las condiciones de víctima: la abnegación propia, el voluntario y espontáneo ejercicio de la penitencia, el dolor y la expiación de los pecados. Exigen, en una palabra, nuestra muerte mística en la cruz con Cristo, para que podamos decir con san Pablo: "Estoy crucificado con Cristo"

 

 

 

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