Salmo

Todos tus caminos me son conocidos...
(Salmos 139.3)

Quinto Domingo De Cuaresma B

Post on 12 Marzo 2018
Visto: 43

 

 

“El valor de una persona, está ligado a lo que dona”

 

 

Quinto Domingo De Cuaresma B

 

 

Libro del profeta Jeremías (Jer 31,31-34)

 

“Mirad que llegan días –oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la que hice con vuestros padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Ellos, aunque yo era su Señor, quebrantaron mi alianza, -oráculo del Señor-. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días –oráculo del Señor-: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: Reconoce al Señor. Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande –oráculo del Señor-, cuando perdone sus crímenes, y no recuerde sus pecados.”

 

 

Salmo Responsorial (Salmo 50)

R./ Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

 

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa.

 

Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme,

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso.

 

Enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

Los sacrificios no te satisfacen,

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

 

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado,

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

 

 

Carta a los Hebreos (Hb 5,7-9)

 

“Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.”

 

 

Versículo antes del Evangelio

 

“El que quiera servirme, que me siga, dice el Señor, y

donde esté yo, allí también estará mi servidor” (Jn 12,26)

 

 

Evangelio de san Juan (Jn 12,20-33)

 

“En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos gentiles, éstos, acercándolos a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

 

-Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó:

-Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.

 

Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré? Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.

Entonces vino una voz del cielo:

-Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.

 

La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno, otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo:

-Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.”

 

 

Reflexión

 

“¡Queremos ver a Jesús!”. La búsqueda expresada con tanta esperanza por el grupo de gentiles, traduce una aspiración que recorre los siglos. La figura de Jesús domina el horizonte de la historia y ejerce una fascinación indiscutible... Para san Juan “ver a Jesús”, no es otra cosa que la mirada de la fe y la apertura del corazón: condiciones indispensables para tomar la identidad de Jesús y entrar en comunión con Él.

 

Con una metáfora el Señor explica el contenido y el significado de “la hora de Jesús”: como el grano de trigo Él debe morir para que todos tengamos la posibilidad de entrar en comunión de vida con el Padre. Es la lógica que permite la existencia cristiana: encontrar a Jesús implica seguirlo en una opción de vida que se hace don para los otros.

 

Hay personas que piensan que la fe es una garantía, una especie de póliza de seguro contra los infortunios de la vida, una doctrina que enseña a “comportarse bien” y a no hacer mal a nadie. Jesús presenta un cuadro radicalmente distinto y una ley mucho más exigente: ser cristiano implica seguir a Jesús...

 

Qué significan en efecto aquellas palabras paradójicas: “Quien ama su vida la pierde, y quien odia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna”. Quien se ata al propio egoísmo y a las ilusiones humanas (poder, dinero, goce sin límite y sensualidad, vida fácil y permisiva...), conocerá una existencia estéril, cerrada. Quien en cambio sabe olvidarse de sí mismo y ofrece con amor la propia vida, la encontrará en plenitud. El valor de una persona está ligado a lo que dona.

 

La hora asignada por el Padre y libremente acogida por Jesús es también la hora del sufrimiento. El proyecto homicida del poder que Jesús ve cada vez más con mayor lucidez, perturba profundamente su ánimo, junto a la tentación de desechar una muerte ignominiosa. Él se aferra al amor del Padre, con un gesto de total abandono que es donación libre y por esto fecunda de vida. El fruto que brota del ofrecimiento incondicional de Jesús es el pleno cumplimiento de la promesa divina expresada por el profeta Jeremías: la nueva alianza. Nueva porque la relación de comunión que Dios establece con el hombre es sin precedentes, no está condicionado a la fidelidad del hombre, sino únicamente fundado sobre la gratuita iniciativa de Dios. El vínculo de amor que Dios había proyectado siempre, finalmente se realiza porque en Jesús la humanidad ha pronunciado su “Sí” más pleno. En este vínculo que Jesús instaura una relación de conocimiento y de amor tan íntima que puede quitar el pecado y hace coincidir la voluntad de Dios y la voluntad del hombre.

 

Hoy le corresponde a la comunidad de los redimidos indicar a hombres y mujeres de buena voluntad el rostro de Cristo. Nos toca a nosotros indicar dónde está Cristo realmente presente. “Queremos ver a Jesús”: es el grito incomprensible del joven drogadicto que busca una salvación en la ilusión de la droga; es el grito de la muchacha que se ofrece por el precio de un pan o por buscar una aventura más grande para ella; es el grito del desocupado que busca trabajo o del maltratado o violentado...

 

 

Francisco Sastoque, o.p.

 

Usuarios en Linea

Hay 6 invitados y ningún miembro en línea