Salmo

Todos tus caminos me son conocidos...
(Salmos 139.3)

Cuarto Domingo De Cuaresma B

Post on 05 Marzo 2018
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“Compórtate como verdadero hijo de la Luz”

 

 

Cuarto Domingo De Cuaresma B

 

 

Segundo Libro de las Crónicas (2Cro 36,14-16. 19-23)

 

“En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres, abominables de los gentiles, y mancharon la Casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio.

 

Los caldeos incendiaron la Casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías: “Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años”.

 

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: “Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!”.

 

 

Salmo Responsorial (Salmo 136)

R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

 

“Junto a los canales de Babilonia

nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;

en los sauces de sus orillas

colgábamos nuestras cítaras.

 

Allí los que nos deportaron

nos invitaban a cantar,

nuestros opresores, a divertirlos:

“Cantadnos un cantar de Sión”.

 

¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera!

Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

 

Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,

si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías.”

 

 

Carta de san Pablo a los Efesios (Ef 2,4-10)

 

“Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó: estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo –por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra en todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó practicásemos.”

 

 

Versículo antes del Evangelio

 

“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único.

Todo el que cree en él, tiene vida eterna.” (Jn 3,16)

 

 

Evangelio de san Juan (Jn 3,14-21)

 

“En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo. -Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

 

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo Único, para que no perezca ninguno de los que creen en él sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

 

El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

 

Ésta es la causa de la condenación que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

 

Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.

 

 

Reflexión

 

Para lanzarse a obrar, todo hombre necesita de un respaldo de seguridad: la confianza de sentirse amado. Esta seguridad y respaldo lo tenemos cuando nos dejamos decir por la fe que hemos sido amados, perdonados, salvados por Dios en Cristo. Necesitamos sentir esa salvación, como lo sintieron los israelitas desterrados cuando Ciro les permitió volver a su tierra. Igual que ellos, tampoco nosotros hemos hecho algo para merecer esta Salvación. El cristiano es continuador de la presencia y obra de Cristo en el mundo. Se sabe salvado y se dedica por entero a salvar el mundo. En esto consiste creer en Jesucristo -Luz del mundo- y caminar en la Luz.

 

El que cree o sigue a Cristo "no camina en las tinieblas". El que pierde la luz en la vida es como el que pierde la luz en sus ojos, va hacia el abismo.

 

Las obras del que camina en la luz son verdad y vida, misericordia y lealtad, justicia, solidaridad, rectitud, honestidad y amor. Esto se manifiesta en: "saber soportar, no tener envidia, no ser presumido ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad.”

 

Andar en la Luz y no en las tinieblas es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo en Jesucristo (cfr. 1Cor 13,4-7). Es amar a la esposa(o), es obedecer a los padres en todo. Es ser humildes, sencillos y amables con todos, es tener paciencia y soportarse unos a otros con amor, manteniendo la unidad (cfr. Ef 4,2-3).

 

Ser "hijos de la luz", "nuevas criaturas", testigos de fe, de esperanza y de amor, es ser “hombres nuevos”. Este ser "hombres nuevos" se manifiesta en nuestro comportamiento permanente cuando somos testigo de Cristo. San Pablo nos explica esta forma de ser, diciéndonos: "ya no mientas más, sino diga cada uno la verdad a su prójimo; si te enojas, no peques, procures que el enojo no te dure todo el día. Si robabas, deja de robar y comienza a trabajar. No digas indecencias, ni tonterías ni vulgaridades, porque estas cosas no convienen; más bien alaba a Dios. No digas malas palabras, sino sólo palabras buenas que ayuden a crecer y traigan bendición a quien las escuche.

 

No hagas entristecer al Espíritu de Dios. Echa fuera tu amargura, tus pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sé bueno(a) y compasivo(a) con los otros, y perdona como Dios te ha perdonado en Cristo.

 

Pórtate como quien pertenece a la Luz, pues la Luz produce una cosecha de bondad, justicia, rectitud y verdad. Procura hacer lo que agrada al Señor. No tomes parte en las cosas inútiles que hacen los que son de la oscuridad; más bien sácalas a la luz.

 

Cuida mucho tu comportamiento. No vivas neciamente, sino con sabiduría. Aprovecha bien el tiempo, porque el momento actual es difícil y nos apremia. No actúes tontamente; procura entender cuál es la voluntad del Señor. No te emborraches, pues eso lleva al desenfreno; al contrario, llénate del Espíritu Santo. Da siempre gracias a Dios por tu vida, tus bienes, tu familia, tu salud física y mental, las riquezas del universo que nos rodean; en fin, da gracias a Dios por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. (cf. Ef 4,17 a 5,20).

 

Que nadie te engañe con palabras dulces pero huecas, que te invitan a seguir prácticas y actitudes que Dios aborrece. Escucha las advertencias que nuestro Padre misericordioso te envía a través de personas (padres, auténticos amigos, buenos vecinos, etc.) y circunstancias agradables y dolorosas. No digas, Dios no lo ve o Dios espera indefinidamente, porque el fin está cerca, está a tu lado.

 

En todos los momentos y en todas las circunstancias, nunca olvides que la misericordia y el amor de Dios son infinitos.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.

 

 

 

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